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Fui enseñado por mi padre y un ciego al que amorosamente llamo mi “abuelo” (Don Raúl), ya que a mi verdadero abuelo jamás lo conocí. Era el papá de un querido amigo, que fue traumatólogo del seguro social de joven pero a causa de un accidente de carro quedó ciego, y se volvió (transformó) Huesero Profesional.   Cuando lo conocí era adusto y malhumorado, pero genial para hacer su trabajo. Me empecé a acercar como el principito se acercó a su zorro y lo hice mi amigo con la ventaja de ser amigo de su hijo, y de pronto ya estaba todas las tardes en su consultorio haciendo lo que su hijo no; ayudándole en todo y platicándole historia tras historia (que para eso me pinto solo), y un buen día me empezó a enseñar a “ver” sin ver… a ver sintiendo… y ahí empezó mi verdadero entrenamiento…
continuará…
>Roberto MD<

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