El modo más absurdo de escapar de los problemas es no hacer nada, dejando que se resuelvan solos o alguien extienda la mano y nos ayude a salir; y quizá lo hemos aprendido mirando cómo una herida pequeña sana sola o un dolor pequeño se consume y se apaga solo, etc. Pero cuando hemos permitido que crezca y ahora es una amenaza contundente y seguimos sin hacer nada; renunciamos a nuestro derecho a decidir nuestro destino y nuestra vida. De modo que el juego infantil de cubrirnos la cara con las manos, cerrar los ojos y quedarnos quietos esperando que pase el monstruo (el peligro) y no nos vea fue divertido, pero crecimos y ahora es la hora de abrir los ojos y enfrentar al monstruo con los recursos del adulto.
>romado<

la fuga

el escape

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